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Introducción al vivero africano
“Me voy a África”. Así, sin más explicaciones, Roc Massaguer cambió durante una semana la apacible rutina por un exótico viaje baloncestístico por el África negra, Camerún y los dos Congos. Acompañado por representantes de U1st y del Ricoh Manresa y con una cámara y un bloc de notas como testigo, descubrió de primera mano un mundo alejado de los tópicos y baloncestísticamente apasionante. De vuelta y sin un rasguño, nos presenta su aventura en una serie que comienza por partida triple: artículo, una galería de FotoClick con decenas de interesantes imágenes y un vídeo de mates sobre el asfalto camerunés. ¡Sumérgete en el vivero africano!


El redactor de ACB.COM se adentró en Camerún para conocer un poco más de su baloncesto

No puedo empezar esta serie de artículos sin confesar que me resulta imposible transmitir en palabras lo vivido durante una semana en el centro de África, en el que ha sido mi primer viaje a este continente. Es posible describir lo que vi, lo que escuché e incluso lo que sentí, pero difícilmente se puede reproducir fielmente el impacto que supone una experiencia de este tipo. Sin embargo, lo intentaremos.

Viajé junto al director deportivo del Ricoh Manresa, Jordi Ardèvol, el agente de U1st Pere Gallego y el General Manager/Responsable de expansión de esta compañía en Africa y ex jugador de la ACB Anicet Lavodrama. La idea era acompañarlos en un viaje de gran calado con dos motivos principales distintos pero que representan dos caras de la misma moneda: por un lado, detectar y reclutar jóvenes valores de la desaprovechada mina africana (talento a raudales, pero en bruto); por el otro, invertir en recursos y formación para que ese baloncesto, tan olvidado como dotado, crezca y siga produciendo talentos... a la vez que permite vivir un poco mejor a sus gentes. Ya no se trata de ir a la mina a buscar diamantes y extraerlos, ahora toca crear viveros y conseguir que el potencial se reproduzca sin cesar, de forma sostenible.

Además, las circunstancias nos permitieron asistir a otro momento extraordinario. Serge Ibaka, jugador congoleño de L'Hospitalet y quinto protagonista de esta historia, visitó su país al tener que hacer ahí trámites obligatorios para su regularización en España y aprovechó el viaje para volver, un año y medio más tarde, a su hogar, siendo ya una estrella; un símbolo de esperanza y un orgullo para los suyos.

Así pues, visité junto al grupo Yaoundé (Camerún), Kinshasa (República Democrática del Congo, antiguo Zaire) y Brazzaville (República del Congo, antiguo Congo francés), pasando en distintas escalas por Casablanca (Marruecos), Duala (Camerún), Nairobi (Kenya) y París (Francia), en un viaje de ocho días que parecieron ocho semanas, por su intensidad y por la profundidad de las experiencias vividas.

En los artículos que adjuntamos a continuación y en los que iremos publicando en las próximas semanas, intento relatar no sólo como es el baloncesto en estos países, sino por qué es así, qué soluciones hay para que cambie la situación y cómo afrontan los habitantes de estos territorios el día a día y su etéreo futuro. Para hacerlo he tenido que luchar contra lo que, supongo, lucha cualquiera que viaja a un territorio desconocido: contra las constantes barreras que nuestra mente pone a las nuevas sensaciones. Descubrir África (o echar un vistazo corto, que al fin y al cabo es lo que he hecho) supone eso, romper a cada momento los prejuicios generados por nuestra ignorancia, una simplificación que nos impide ver con claridad lo que nos rodea, una simplificación que nos suele llevar al miedo y al desprecio, normalmente a través del tópico.

África y, por extensión, su baloncesto, no puede ser comprendido por nuestros parámetros ni por nuestros estandares. Para comprender su realidad, hay que cambiar nuestras premisas sobre casi todo. Eso es lo que intentaré, humildemente, en artículos, galerías de fotos y vídeos. Antes de entrar en materia y emprender la parte literaria del viaje, quiero citar dos ejemplos de lo que trato de contar en esta introducción. Lavodrama señaló que la distancia entre Europa y África es sólo mental, ya que todos somos personas, confeccionadas por el mismo patrón, para lo bueno y para lo malo. En tono más cómico, Ibaka se reía de nosotros cuando le explicamos la sensación de miedo que transmite Kinshasa, una de las ciudades más peligrosas del planeta, que sin embargo desaparece hora a hora al conocer a su gente. Te pellizca y te dice: "¿Qué te pensabas, que aquí nos comemos a los blanquitos?"

Un poco de información es el arma perfecta para romper cualquier barrera. Vamos, pues, con ello.

Primera parte

  • Improvisado concurso de mates

  • Johan Kody, sueño manresano en el vivero africano

  • Camerún: más baloncesto y menos dinero

  • FotoClick: Las imágenes más representativas del paso por Camerún


  • Segunda parte

  • FotoClick: Imágenes del recorrido por los dos Congos

  • Serge Ibaka: una estrella, un niño

  • Brazzaville: lo que no sabemos, lo que nunca imaginamos

  • Kinshasa, lo más parecido a un estado fallido
  • Roc Massaguer
    @rmassaguer
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